Centroamérica: La cara social de la crisis y las respuestas
| Viernes 03 julio, 2009
Centroamérica: La cara social de la crisis y las respuestas
El mundo está atravesando una de las crisis más complicadas y más profundas de las últimas décadas. De hecho, de acuerdo a estimaciones del Banco Mundial (BM), se espera que la economía mundial se contraiga este año cerca del 3%, convirtiendo al 2009 en el primer año donde la actividad económica global se contrae desde que el BM empezó a dar seguimiento a esta variable hace más de cuatro décadas.
En el contexto de Centroamérica, el BM está proyectando una contracción del producto interno bruto en Guatemala (-0,5%), El Salvador (-1%), y Costa Rica (-2%), y un crecimiento muy moderado en Honduras (0,5%) y Nicaragua (0,5%), siendo Panamá el único país donde se espera un crecimiento medianamente robusto (3%).
Más allá del valor estadístico de estas cifras, lo importante a resaltar es que quizá con la excepción de Panamá, la crisis económica va a resultar en incrementos importantes de las tasas de pobreza. De acuerdo a los cálculos de los economistas del BM, la tasa de pobreza de la región Centroamericana podría aumentar en un 1,5%, lo que en conjunto puede implicar que el número de pobres de Centroamérica crezca en unos 900 mil llegando a 18,3 millones. Ellos representan la cara social de la crisis.
Por ello y durante los últimos 12 meses hemos canalizado a Centroamérica más de $1,800 millones para ayudar a los diferentes países a mantener los niveles de gasto público que les permitan atender las necesidades sociales prioritarias en el corto plazo. Pero contemporáneamente, se hace necesario fortalecer las redes de protección social con una visión de largo plazo, de manera tal, que los países puedan reaccionar a los retos sociales que han de surgir más allá de esta crisis.
Es destacable el hecho de que la mayor parte de los países han venido haciendo grandes progresos con programas altamente efectivos para la lucha contra la pobreza, como lo son aquellos basados en las transferencia en efectivo condicional (TAC). En los TAC las familias más pobres reciben una transferencia monetaria del gobierno a condición de que envíen a los niños a la escuela y cumplan con una serie de requisitos de salud pública, con lo que se ataca un problema de corto plazo (la pobreza de la familia) y otro de largo plazo (la salud y educación de menores y jóvenes).
Sin embargo, estos programas están fundamentalmente focalizados en zonas rurales (dado que las tasas de pobreza rural son mucho más altas que en las ciudades) y dejan al margen a los sectores urbanos ubicados marginalmente por encima de la línea de pobreza, que son los más afectados por el impacto de la crisis global. En otras palabras, los programas en curso no se focalizan en los grupos que van a sentir la crisis con más fuerza.
Toda crisis representa una gran oportunidad y Centroamérica realiza esfuerzos para explotar alternativas en el ámbito económico, a través del fortalecimiento de los sectores financieros, la exploración de nuevos mercados de exportación, o la introducción de mejoras en la eficiencia del gasto público.
Pero no se deben desaprovechar las oportunidades en el terreno social. Es el momento de emprender un gran esfuerzo regional para mejorar las redes y programas existentes de protección social de manera que los distintos países puedan tener las herramientas necesarias para atacar la pobreza con independencia del origen de la misma, sea producto de una catástrofe natural o una crisis externa como la actual.
En ese esfuerzo, Centroamérica encontrará al BM como un aliado de primer orden
Laura Frigenti
Directora del Banco Mundial para América Central
El mundo está atravesando una de las crisis más complicadas y más profundas de las últimas décadas. De hecho, de acuerdo a estimaciones del Banco Mundial (BM), se espera que la economía mundial se contraiga este año cerca del 3%, convirtiendo al 2009 en el primer año donde la actividad económica global se contrae desde que el BM empezó a dar seguimiento a esta variable hace más de cuatro décadas.
En el contexto de Centroamérica, el BM está proyectando una contracción del producto interno bruto en Guatemala (-0,5%), El Salvador (-1%), y Costa Rica (-2%), y un crecimiento muy moderado en Honduras (0,5%) y Nicaragua (0,5%), siendo Panamá el único país donde se espera un crecimiento medianamente robusto (3%).
Más allá del valor estadístico de estas cifras, lo importante a resaltar es que quizá con la excepción de Panamá, la crisis económica va a resultar en incrementos importantes de las tasas de pobreza. De acuerdo a los cálculos de los economistas del BM, la tasa de pobreza de la región Centroamericana podría aumentar en un 1,5%, lo que en conjunto puede implicar que el número de pobres de Centroamérica crezca en unos 900 mil llegando a 18,3 millones. Ellos representan la cara social de la crisis.
Por ello y durante los últimos 12 meses hemos canalizado a Centroamérica más de $1,800 millones para ayudar a los diferentes países a mantener los niveles de gasto público que les permitan atender las necesidades sociales prioritarias en el corto plazo. Pero contemporáneamente, se hace necesario fortalecer las redes de protección social con una visión de largo plazo, de manera tal, que los países puedan reaccionar a los retos sociales que han de surgir más allá de esta crisis.
Es destacable el hecho de que la mayor parte de los países han venido haciendo grandes progresos con programas altamente efectivos para la lucha contra la pobreza, como lo son aquellos basados en las transferencia en efectivo condicional (TAC). En los TAC las familias más pobres reciben una transferencia monetaria del gobierno a condición de que envíen a los niños a la escuela y cumplan con una serie de requisitos de salud pública, con lo que se ataca un problema de corto plazo (la pobreza de la familia) y otro de largo plazo (la salud y educación de menores y jóvenes).
Sin embargo, estos programas están fundamentalmente focalizados en zonas rurales (dado que las tasas de pobreza rural son mucho más altas que en las ciudades) y dejan al margen a los sectores urbanos ubicados marginalmente por encima de la línea de pobreza, que son los más afectados por el impacto de la crisis global. En otras palabras, los programas en curso no se focalizan en los grupos que van a sentir la crisis con más fuerza.
Toda crisis representa una gran oportunidad y Centroamérica realiza esfuerzos para explotar alternativas en el ámbito económico, a través del fortalecimiento de los sectores financieros, la exploración de nuevos mercados de exportación, o la introducción de mejoras en la eficiencia del gasto público.
Pero no se deben desaprovechar las oportunidades en el terreno social. Es el momento de emprender un gran esfuerzo regional para mejorar las redes y programas existentes de protección social de manera que los distintos países puedan tener las herramientas necesarias para atacar la pobreza con independencia del origen de la misma, sea producto de una catástrofe natural o una crisis externa como la actual.
En ese esfuerzo, Centroamérica encontrará al BM como un aliado de primer orden
Laura Frigenti
Directora del Banco Mundial para América Central