David Attenborough cumple 100 años: cómo se hizo "La vida en la Tierra", el documental que transformó nuestra manera de ver la naturaleza
BBC Studios - Documental "The Making of Life on Earth"* | Viernes 08 mayo, 2026
"Fue uno de los momentos más extraordinarios de mi vida... Aún sueño con ello. Fue una experiencia sobrecogedora, todo lo que cualquiera apasionado por el mundo natural podría desear".
Eso dice hoy, cuando se celebran sus 100 años de vida, el naturalista británico David Attenborough al recordar su encuentro con un grupo de gorilas juguetones en un claro del bosque en Ruanda un día de 1978.
La conmovedora escena sigue siendo uno de los mejores momentos de la TV de todos los tiempos, parte de una serie épica, deslumbrante y a todo color que transformó la observación de la naturaleza en un relato universal.
Combinando la mirada científica, el asombro y la sobriedad, Attenborough le mostró al mundo cosas que nunca había visto. Y al mundo le fascinó: unas 500 millones de personas la vieron, una cifra extraordinaria incluso hoy, y casi inaudita para una serie documental en esa época.
"He tenido la suerte de tener una carrera larga haciendo programas de historia natural. Pero hubo una serie que lo cambió todo: 'La vida en la Tierra'", reflexiona Attenborough.
Lo curioso es que apenas unos años antes, estaba lejos de convertirse en una de las figuras más reconocibles de la televisión contemporánea.
Y no por desafortunados reveses de la vida... todo lo contrario.
Había empezado a trabajar en la BBC en 1952 y, aunque inicialmente le dijeron que sus dientes eran demasiado grandes para aparecer frente a las cámaras, dos años después se convirtió en el rostro de un programa cuando el presentador habitual se enfermó justo antes del rodaje.
Era una serie sobre animales, y eso le encantaba: "Me formé como biólogo en la universidad. Lo que quería hacer era historia natural".
Con los años, fue ascendiendo dentro de la BBC y dejando su huella en una época en la que la televisión todavía se estaba inventando, con la creación de series tan emblemáticas como "Civilización" de Kenneth Clark, sobre la historia del arte occidental.
Pero ese ascenso lo alejaba cada vez más de lo que realmente le gustaba hacer: programas sobre el mundo natural.
Por prestigiosa que fuera su carrera directiva, "no era ni de lejos tan divertido".
Así que, cuando estaba a punto de llegar a la cima, convertirse en el Director General de la BBC, un cargo que si hoy tiene peso, en ese momento -cuando la televisión era el gran medio de masas-, era superlativo, renunció.
"Anhelaba hacer una serie que contara el desarrollo de la historia de la vida, de la evolución, empezando por los animales más simples y recorriendo el camino hasta llegar a monos, simios y humanidad".
Propuso la idea una semana después, "y así fue como me puse a trabajar en 'La vida en la Tierra'.
"Fue el punto de inflexión en mi vida".
Paciencia
En 1976, Attenborough emprendió la expedición de filmación de vida silvestre más ambiciosa realizada hasta entonces.
Nunca nadie había intentado nada de esa magnitud: una odisea de tres años, viajando a 40 países y filmando más de 600 especies.
Con el equipo, recorrería unos 2,4 millones de kilómetros, una distancia comparable a darle más de 60 vueltas a la Tierra por el ecuador.
Semejante escala exigió una logística extraordinaria.
Attenborough escribió los libretos para los 13 episodios de la serie, "pero, por supuesto, luego tuvimos que buscar los ejemplos de lo que él estaba hablando", recuerda Richard Brook, uno de los productores de "La vida en la Tierra".
"¿Dónde podemos filmar esta serpiente que menciona, en Australia o en Nicaragua?", ejemplifica.
No sólo dónde, sino también cuándo y cómo.
Investigación, transporte, visas, permisos, contactos... todo tenía que gestionarse desde la distancia, en una época en la que la comunicación era por carta o líneas telefónicas dudosas.
La tecnología, no obstante, fue aliada en otros aspectos.
"Queríamos mostrar el mundo natural como nunca antes se había visto. Pero, ¿cómo lo filmaríamos?", recuerda Attenborough.
"Cada pocos meses surgía una nueva mejora, un nuevo dispositivo que permitía obtener mejores imágenes", agrega.
Teleobjetivos de largo alcance, rodaje en condiciones remotas, cámaras capaces de registrar instantes fugaces en cámara lenta: de repente se veían detalles que el ojo humano apenas podía captar.
Aunque algunas de esas máquinas eran enormes y pesadas, permitieron mostrar maravillas que ocurrían ya fuera en la selva amazónica o en una casa en Inglaterra.
Rodger Jackman, el camarógrafo más joven del equipo, tuvo que construir un estudio temporal en la sala de la casa de su abuela pues le asignaron uno de los retos más ambiciosos: filmar el nacimiento de las crías de una rana macho.
Requirió mucha, pero mucha paciencia: la naturaleza no espera a que rueden las cámaras y alguien grite '¡Acción!'.
Lo que Jackman aguardaba era el momento en que una rana de Darwin expulsara a sus crías. Después de que la hembra pone los huevos, el macho los recoge con la boca y los incuba en su saco vocal hasta que las crías están listas para salir al mundo.
"Empecé a esperar... No tenía ni idea de cuánto iba a tardar". Tuvo que pedir ayuda a amigos y familiares para hacer turnos; el agotamiento era tal que necesitaba dormir.
Dos semanas después, "de repente noté algo ligeramente diferente en la rana".
Encendió la cámara y capturó el momento: "un segundo o dos de película... ¡guau!".
Un instante que, en cámara lenta, maravilla.
Esa la rana de Darwin es sólo una del elenco de animales, incluidos los humanos, que protagonizaron historias detrás de la historia de "La vida en la Tierra".
Burros, peces y tortugas
En el primer programa, Attenborough quiso introducir la noción de viajar en el tiempo.
Una forma de retroceder en el tiempo en esta Tierra es ir a un lugar muy profundo donde estén las rocas más antiguas.
Y, visualmente, el Gran Cañón del Colorado es ideal.
El plan era ir filmando a medida que descendía, en burro, hasta llegar al fondo: "Iba a ser el gran momento culminante en el que yo aparecería en primer plano hablando".
"Pero descubrí que era alérgico al pelo de los burros; cuando llegamos al fondo, tenía los ojos tan hinchados que estaban casi cerrados".
No hubo más remedio que hacer esa toma final desde la distancia.
Ir a las Islas Galápagos, cuenta Attenborough, "fue muy emocionante pues, para cualquiera interesado en la historia natural, es un lugar casi sagrado: es donde Darwin vio por primera vez los elementos de la historia que queríamos relatar".
Pero en ese "lugar mágico", lo más difícil fue conciliar el sueño, debido a la entusiasta vida sexual de las tortugas gigantes.
"Emiten fuertes bramidos cuando están copulando", acompañados de los golpes de sus conchas.
La visita a las Islas Comoras se complicó, cuando un golpe de Estado provocó la suspensión temporal de los permisos de filmación.
Attenborough lo solucionó con su encanto, pero poco pudo hacer con otro problema: el de un pez esquivo.
"Uno de nuestros objetivos era hablar del primer animal con columna vertebral que salió del mar, donde la vida había comenzado, hacia la tierra.
"Un extraño pez llamado celacanto era considerado muy importante porque tenía bases carnósas en sus aletas, que lo ayudaban a empujarse sobre el terreno, pero nunca se había filmado uno vivo".
Los habitantes de un pequeño pueblo local eran los expertos mundiales en su captura, pero la suerte no acompañó al equipo y tuvieron que conformarse con un ejemplar disecado hallado en la vitrina de un bar.
Por suerte, después de que todos se fueron, el camarógrafo Peter Scoones -que se había quedado para filmar murciélagos- recibió un aviso en su hotel: un pescador acababa de traer uno vivo.
"Fue un hito en la historia evolutiva que esta importante criatura hubiera sido filmada viva", señala Attenborough.
Del éxtasis al temor
Las Comoras no fue el único país en el que la situación política complicó el rodaje.
El productor asociado de "Life on Earth", Mike Salisbury, recuerda que lo enviaron de avanzada a Irak para allanar el camino pues, le dijeron, "si te encarcelaban, no es tan grave", como que tomaran a Attenborough como rehén.
Aunque tuvieron un encuentro incómodo con el ejército de Saddam Hussein, partieron con lo que habían ido a buscar.
Fue en Ruanda, sin embargo, donde vivieron los momentos más dramáticos.
"No teníamos ni idea de lo que íbamos a presenciar... o lo cerca que estaríamos de perderlo todo", declara Attenborough.
La intención era mostrar algo muy sencillo: el pulgar de un gorila para explicar cómo el desarrollo de los pulgares permitió a los primates sujetar herramientas.
Gracias a la guía y los consejos de la experta estadounidense en gorilas, Dian Fossey, lograron acercarse mucho más de lo que jamás habían esperado.
"Hay más significado y comprensión mutua en intercambiar una mirada con un gorila que con cualquier otro animal que conozca", dice Attenborough, mientras una gorila hembra lo observa a pocos metros de distancia, junto con dos infantes.
Pero cuando intentaron grabarlo hablando de pulgar oponible, uno de los gorilas más jóvenes intentó quitarle los zapatos y el otro se tumbó encima de él.
"¡Hubo un momento en el que sólo se veía la parte superior de la cabeza de David!", recuerda el director de ese episodio John Sparks.
Entonces la gorila adulta le puso la mano en la cabeza, le giró el rostro para mirarlo directamente a los ojos y le metió un dedo en la boca.
"Pensé: 'Dios mío, le va a arrancar la cabeza y aún no hemos terminado la serie'. ¡No fue un pensamiento muy caritativo!", confiesa Sparks.
Ajeno a todo, Attenborough yacía en un estado de éxtasis.
"Fue uno de los momentos más privilegiados de mi vida...".
Maravillados, descendieron de la montaña y partieron en auto con destino al aeropuerto pero de repente escucharon disparos.
Soldados ruandeses los detuvieron, los llevaron a una comisaría, los interrogaron y les confiscaron lo que habían filmado.
"Martin Saunders, el camarógrafo, al ver que estaba en peligro lo que habíamos rodado, cambió las etiquetas y les entregó una lata de película sin usar", cuenta Attenborough.
Pasaron la noche arrestados en un hotel. A la mañana siguiente, Attenborough y su camarógrafo fueron llevados a un complejo militar en Kigali, donde permanecieron bajo el sol abrasador hasta que un comandante los liberó.
Cuando "La vida en la Tierra" se emitió en 1979, la escena con los gorilas dejó huella más allá de las pantallas: contribuyó a los esfuerzos de protección de la especie.
La serie fue un éxito rotundo, convirtió la historia natural en un hito televisivo e introdujo a Attenborough a millones de personas en casi todos los países del mundo.
Para él, sencillamente, "nos propusimos contar la mejor historia del mundo", una que seguiría contando en más series espectaculares, que lo consagraron como el documentalista más influyente de nuestros tiempos.
* Este artículo es una adaptación resumida del documental de la BBC "The Making of Life on Earth: Attenborough's Greatest Adventure", dirigido y producido por Victoria Bobin
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