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"Es un milagro que México siga siendo futbolero": por qué el Mundial despierta en el país tanta pasión con tan pocos resultados

Daniel Pardo - Corresponsal de BBC Mundo en México | Jueves 11 junio, 2026


Aficionados mexicanos
Getty Images

México, con 17 participaciones, está entre los cinco países que más veces han ido a un Mundial de fútbol, pero es el único de estos que no lo ha ganado.

Se puede decir de otra forma, quizá más tortuosa: México está entre los 10 países que fueron a más Mundiales, pero es el único de ellos que no ha llegado a una semifinal.

Podemos seguir: México ha jugado 60 partidos en mundiales y obtuvo solo 17 victorias. Ha marcado 62 goles y ha recibido 101. Ni Estados Unidos, su eterno y supuestamente inferior rival, tiene una diferencia de goles tan negativa.

En sus primeras tres participaciones —1930, 1950 y 1954— México perdió todos los partidos. Su primer punto —y el último en ese Mundial— fue contra Gales, en 1958, tras un empate 1-1. En 1986 fue la última vez que llegaron a cuartos de final.

Datos duros que, sin embargo, no logran minar el fervor de los mexicanos, que desde este jueves serán los primeros en ser anfitriones de tres Copas del Mundo.

Este es, que no quepa duda, un país futbolero.

El sábado, decenas de miles de personas se tomaron la Avenida Reforma para recrear lo que llamaron "la ola más grande del mundo", entre arengas de "somos el mejor país", "vamos a ganar" y el imprescindible "sí se puede".

Lo escribe el mexicano Juan Villoro en su reciente libro, "Héroes numerados": "Ningún país ha aportado tanta emoción a cambio de tan pocos resultados".

¿Qué onda, entonces, con el fútbol mexicano?

México en 2022
Getty Images
México espera superar la actuación del Mundial de 2022, cuando no pasaron de la fase de grupos.

El problema de los de "pantalón largo"

Aunque partimos de la idea de que están relacionados, empecemos por ver el fútbol de clubes antes de entrar con la selección, el "Tri".

Cualquiera que a uno le pregunte sobre las limitaciones y rarezas del fútbol mexicano va a responder más o menos lo mismo: son las instituciones.

El fútbol es, en todas partes, un negocio de monopolios, leyes de mercado opacas e intereses corporativos. Pero lo de México, según los analistas consultados, es otro nivel.

Roberto Gómez Junco, exfutbolista y periodista, lo pone así: "El principal problema del fútbol mexicano sigue estando en los de pantalón largo, en los dirigentes".

Y Marion Reimers, también periodista deportiva, añade: "Es un fútbol que muy rápidamente se alejó del modelo de socios o accionistas que existe en muchísimos países".

Predomina, entonces, la propiedad empresarial de los equipos, que son manejados con criterios económicos más que identitarios. No es que sean empresas autónomas, como ocurre en Inglaterra: son brazos o subsidiarios de gigantes corporativos.

A eso se suma que el erario de cada estado también introduce dinero a los equipos: el criterio político también pesa.

Reimers pone un ejemplo quizá único del fútbol mexicano: los equipos cambian de sede como cambian de patrocinio, como ocurre en algunas liga deportivas de Estados Unidos.

El Monarcas de Morelia, por ejemplo, hoy se llama Mazatlán FC; cambió de nombre, escudo, colores y estado. Los morelianos, de repente, se quedaron sin equipo.

No es el único caso: Toros de Neza ahora es el Atlante; se fueron a Querétaro, luego a Cancún y ahora volvieron a Ciudad de México. Jaguares de Chiapas hoy es FC Juárez: pasaron del extremo sur al extremo norte del país.

Jesús Corona
Getty Images
Caso emblemático: Jesús Corona no podía llamarse Corona en el Monterrey, que era patrocinado por la cerveza de la competencia, Tecate, así que tuvo que cambiarse el nombre a Tecatito.

En el reciente Mundial de Clubes, un torneo de campeones regionales organizado por la FIFA, el León —campeón de la Concachampions en 2023— fue descalificado porque el Pachuca —también campeón del torneo regional en 2024— era del mismo dueño.

Para evitar los conflictos de interés y la manipulación competitiva, la FIFA, así como la UEFA en Europa, prohíbe que la misma empresa o persona tenga dos equipos en la misma competencia.

Se ha intentado cambiarlo, pero la copropiedad sigue siendo una condición estructural del fútbol mexicano: ocho de los 18 equipos de primera división son hoy controlados por cuatro empresas.

Televisa, la mayor productora audiovisual del mundo en español, llegó a ser dueña de tres al tiempo: América, Necaxa y San Luis. Tenía los derechos de transmisión del fútbol. Y es la propietaria del Estadio Azteca.

En 1986, cuando Colombia renunció a organizar el Mundial, una alianza entre empresarios de Televisa, la FIFA y la Federación Mexicana de Fútbol (FMF) logró convertir a México en anfitrión por segunda vez. El caso, lleno de vericuetos de poder, fue adaptado a una reciente película de Netflix protagonizada por Diego Luna.

Es de esos datos innegables que a muchos mexicanos les puede doler: el fútbol mexicano se desarrolló, en parte, como negocio de Televisa. Y eso condicionó la competitividad del juego.

El América, el equipo más ganador de la historia, fue comprado por Televisa —entonces Telesistema Mexicana— en 1959; de ahí se convirtió en el más grande de la mano de una empresa mediática que, mientras tanto, oficiaba como una suerte de aliado del régimen del Partido Revolucionario Institucional (PRI), en el poder por 70 años.

Camiseta del Tigres
Getty Images
Las camisetas del fútbol mexicano están salpicadas como pocas de patrocinadores.

"El futbol mexicano está planeado para ser un éxito económico y un fracaso deportivo", escribe Villoro.

La Liga MX, que hasta este año era —otra rareza mexicana— una rama de la FMF, produce entre US$600 y US$700 millones al año. La mitad que la liga brasileña, la más grande de Latinoamérica, y el doble que la argentina.

Tan marcado por el negocio está el fútbol mexicano que, desde 2020, en plena pandemia, la Liga MX eliminó el sistema de ascenso, es decir, que el último equipo de la tabla pasa a la segunda división a fin de temporada y el primero de la segunda sube a primera.

Quien quiera estar en la primera, que pague. Eso solo pasa, con matices, en el fútbol chino, indio y estadounidense.

"¿Qué arraigo vas a tener en un juego donde no hay meritocracia ni reglas claras?", se pregunta Reimers.

"En realidad, es un milagro que México siga siendo un país futbolero", afirma.

Cruz Azul campeones en México
Getty Images
La liga mexicana de fútbol tiene dos campeones al año, el octavo de la tabla puede ser campeón y no hay sistema de ascenso.

Más que un deporte

Otra condición del futbol mexicano —ya no necesariamente un problema— es que pertenece a la Confederación de Norteamérica, Centroamérica y el Caribe (Concacaf), considerada menos atractiva y competitiva que la Unión de Asociaciones Europeas de Fútbol (UEFA) y la Confederación Sudamericana de Fútbol (Conmebol).

Eso puede haber generado cierta autopercepción inflada entre algunos y en todo caso le ha permitido a la selección masculina clasificar a muchos mundiales sin grandes oposiciones. Pero también ha puesto a la selección femenina a jugar contra la gran potencia, Estados Unidos.

"El fútbol femenino ha crecido muchísimo, es una de las ligas más vistas en el mundo, y eso ha sido no por el interés de los dueños, sino gracias a su desinterés", dice Reimers.

Los mexicanos no han encontrado en el corporativismo o los malos resultados una razón para dejar de alentar.

El partido contra Argentina de Qatar 2022, que México perdió 2-0 y con el que quedó al borde de la eliminación, fue el evento más visto en la historia de la televisión mexicana, con 40,5 millones de televidentes, según Nielsen.

Estadio Azteca en Mundial de 1986
Getty Images
El Estadio Azteca es uno de los escenarios más importante en la historia del fútbol.

La FMF reporta que cada partido de la Liga MX es presenciado por 22.000 personas en promedio. En Argentina y en Brasil, para comparar con países muy futboleros, el promedio de asistencia al estadio es de 27.000 y 23.000, respectivamente.

Los números no son muy diferentes para la televisión: cada partido es sintonizado por un promedio de 1 millón en Argentina, 3,5 millones en Brasil y 1,5 millones en México.

Juan Pablo Villalobos, escritor y asiduo aficionado, asegura: "No creo que seamos mediocres. No lo somos; somos medianos, y está muy bien siendo el país que somos, considerando nuestras carencias, nuestros problemas y nuestras deficiencias".

Luego añade: "La selección nos representa de manera casi perfecta: en ocasiones puntuales es brillante, se crece ante grandes, pero al final siempre ha faltado algo, a veces suerte, a veces determinación o un punto extra de calidad".

Ese punto que falta no se le puede achacar a la afición.

Villoro sostiene que "el verdadero deporte no está en la cancha, sino en las gradas, donde el público hace más esfuerzo que los jugadores".

Los mexicanos sienten tremendo orgullo por su país y no pierden pretexto para manifestarlo.

Hinchas mexicanos
Getty Images

Gómez Junco ve eso como un riesgo: "México ha sido tradicionalmente un país derrotado y el fútbol se convierte en una válvula de escape, un mecanismo de evasión. Si a la gente le va mal en la chamba (trabajo) y no siente seguridad pero tiene la ilusión de que su equipo puede ser campeón del mundo, pues le vendo ese sueño".

Reimers añade que la corrupción o corporativismo no son razón para que ella, o cualquier mexicano, deje de interesarse en el juego conocido como "el deporte más hermoso del mundo".

"El fútbol no es la FIFA y la FIFA no es el fútbol, no les pertenece. Es una actividad humana sujeta a interpretación y modificación. Es un territorio que tenemos y podemos habitar desde las narrativas que nos dé la gana", asegura.

El fútbol mexicano podrá carecer de éxitos deportivos, pero el fútbol es mucho más que un deporte.

El poderoso legado cultural mexicano, inevitable y constantemente bajo asedio por la influencia de su vecino del norte, la potencia económica más grande del mundo, ha generado una tradición nacionalista profunda que se manifiesta cada vez que puede.

No es que, cuando dicen que van a ganar el Mundial, los mexicanos crean que así será: es que el orgullo que sienten por su país no se mide en goles ni trofeos.

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