La misteriosa vida de B. Traven, el novelista alemán de múltiples seudónimos que se fugó a México e inspiró un clásico de Hollywood
William Márquez - BBC News Mundo | Domingo 22 febrero, 2026
"El misterio literario del siglo XX". Así es como muchos han descrito la identidad de B. Traven (1882-1969), autor de "El barco de la muerte", "Salario amargo (Los recolectores de algodón)" y "El tesoro de la Sierra Madre", esta última adaptada al cine por Hollywood, dirigida por John Houston, con la actuación de Humphrey Bogart y galardonada con tres Oscar.
La obra del novelista alemán, nacionalizado mexicano, se ha traducido a más de 35 idiomas con ventas de decenas de millones de ejemplares por el mundo, pero sus orígenes, actividades, familia, fecha y lugar de nacimiento, han sido objeto de especulación durante décadas.
Su mismo nombre de pluma es un seudónimo y adoptó por lo menos 10 a lo largo de su vida, entre ellos, Ret Marut, Richard Maurhurt, Otto Feige y Hal Croves, según la situación en que se encontraba y como lo atestiguan los sendos documentos asociados con su vida.
Lo más seguro es que fue alemán, posiblemente hijo ilegítimo de un destacado industrial y alto político judío. Tiene antecedentes de haber sido marino mercante, periodista, dramaturgo, anarquista y revolucionario político que terminó arrestado y sentenciado a muerte, pero logró escapar. Hay registros de él en Reino Unido, donde también estuvo encarcelado por ser extranjero indocumentado.
En años recientes, han surgido nuevas pistas que, compaginadas con otros hechos, parecen haber definido quién fue este hermético autor que viajó por el mundo y, a los 44 años, emigró a México en 1924 donde se nacionalizó y pronto se estableció como un novelista internacional.
¿Por qué asumió tantas identidades? A pesar de su fama ¿por qué nunca reveló públicamente quién era, cómo sus novelas reflejan su vida y por qué tantas de ellas están ambientadas en México?
Para desentrañar parte del misterio BBC Mundo conversó con Tim Heyman, albacea del patrimonio literario de B. Traven, y con su esposa María Eugenia Montes de Oca Luján, hijastra de Traven y heredera con su sobrina del patrimonio del autor.
Ambos viven en la Ciudad de México, donde se dedican a la curaduría de los bienes artísticos y culturales de B. Traven así como de la promoción de sus escritos, cuando se cumplen 100 años de la publicación de "El barco de la muerte", una de las novelas más destacadas de la literatura alemana del siglo XX.
Identidad mutante
"Estoy obsesionado con Traven", me confiesa por teléfono desde la Ciudad de México Tim Heyman, otrora inversionista financiero y académico británico, egresado de la Universidad de Oxford, que ha investigado profundamente al autor desde que se casó en 1981 con su hijastra, María Eugenia Montes de Oca Luján, Malú (como me pidió que la llamara).
"Es posible que yo haya tenido el acceso más privilegiado a todo lo que tenga que ver con su vida y obra", aseguró Heyman, señalando que estuvo presente en 1990 durante una fiesta, cuando la "verdadera" identidad de Traven le fue revelada a Malú por el reconocido cineasta mexicano Gabriel Figueroa, el amigo más cercano del autor.
Según Malú, en 1969 en su lecho de muerte, Traven le confesó a su madre que su nombre verdadero era Ret Marut, pero en la susodicha fiesta, Figueroa afirmó que realmente se llamaba Moritz Rathenau, hijo ilegítimo del famoso industrial judío alemán Emil Rathenau y Helen Mareck, una actriz irlandesa.
Aunque la posición privilegiada de Emil Rathenau -fundador de la enorme empresa de industria eléctrica AEG- sin duda le dio acceso a su hijo a una buena educación, Tim Heyman me dice que la cuestionada paternidad lo marginó, lo volvió un rebelde, en contra de todo lo que representaban las clases dirigentes.
Hay indicios de que siguió los pasos de su madre y se vinculó al teatro, que en Alemania atravesaba uno de sus períodos más creativos, con las nuevas corrientes del realismo, expresionismo y dadaísmo.
Después de la Primera Guerra Mundial, se adhirió como jefe de propaganda a un movimiento anarquista que en Múnich fundó la República Soviética de Baviera, un efímero estado socialista que fue derrocado en poco tiempo por el ejército alemán con el apoyo de fuerzas paramilitares de derecha.
"Fue arrestado en la calle, enjuiciado en un tribunal arbitrario y condenado a muerte. Pero logró escapar y vivió en la clandestinidad cerca de Colonia con un grupo de artistas", cuenta Heyman.
Por ese entonces usaba el seudónimo Ret Marut "un anagrama de Moritz Rathenau", indica Heyman, "como muchos de los otros que asumió durante toda su vida".
Previendo lo que se avecinaba en Alemania con el auge del fascismo, viajó a Inglaterra en 1923, donde fue detenido y recluido en la cárcel de Brixton, en el sur de Londres. Lo registraron como Ret Marut, pero les dijo a las autoridades que se llamaba Otto Feige.
Al ser deportado de Inglaterra, viajó hacia México atraído por la presencia de sindicalistas estadounidenses y mexicanos buscando trabajo durante el boom del petróleo en ese país.
Allí seleccionó el nombre de B. Traven, "una ligera tergiversación de 'Traum' (sueño en alemán) que es un anagrama de Marut", escribió Heyman en un artículo.
"La letra 'B' representa la segunda etapa de su vida...
"Ya había empezado su vida con un seudónimo porque era ilegítimo. Al ser sentenciado a muerte y volverse prófugo de la justicia alemana le era imperativo esconder su pasado", explica Heyman.
"Fue una técnica de supervivencia y jugó con ella durante su vida, aunque tenía miedo todo el tiempo de ser encontrado".
Tim Heyman admite que mucho de lo que ha logrado reconstituir de la vida de Traven ha sido a base de evidencia circunstancial porque él sistemáticamente destruía cualquier referencia de su pasado.
Pero hay un período "oscuro" en la vida del adolescente Traven de la que parece no caber duda. Malú y Tim creen con mucha certeza que se fue de casa a los 12 o 13 años para embarcarse como marino mercante. La evidencia está en sus diarios, historias y novelas, y en la forma que vivió con su nueva familia en México.
Fascinación con el mar
Traven entró en la vida de Malú cuando su madre, Rosa Elena Luján, se convirtió en la traductora y agente del escritor y luego se casó con él en segundas nupcias en 1957.
Malú y su hermana estudiaban en un colegio en Estados Unidos y cuando regresaron a casa en México, Traven ya estaba incorporado como parte de la familia.
A pesar de que el escritor hablaba español, se comunicaban en inglés porque "tenía un problema auditivo", explica Malú, "para él era más fácil entender el inglés porque le entraba más fácil".
Vivían en una casa grande de tres pisos, donde trajo sus experiencias náuticas y su obsesión con el mar a la cotidianeidad. La casa la llamaba "barco" y en el tercer piso tenía su estudio que denominaba el "puente".
"Era un lugar sagrado donde trabajaba y no podíamos interrumpirlo", cuenta Malú. "Él era el capitán, le decíamos 'Skipper' (capitán en inglés); mi mamá era la 'primera oficial de cubierta', mi hermana la 'segunda a bordo' y yo la 'tercera'".
Era una continuación de su constante preocupación con el anonimato. "Mi mamá nos había dicho que era un gran escritor pero no podíamos decir nada porque por ahí siempre andaban los periodistas y otros buscándolo".
A pesar de esas formalidades, Malú asegura que Traven fue feliz en esa última etapa de su vida en México y lo recuerda como un verdadero padre, afectuoso y cariñoso, que le enseñaba, la guiaba y constantemente contaba las historias de sus viajes, muchos de estos relacionados a sus vivencias como marinero en Asia.
En las noches, cuando terminaba de trabajar, bajaba arreglado a cenar con la familia, calzando zapatillas orientales y comiendo con palitos. "Para él era la hora principal".
Cuando Malú salió de México a estudiar, la estrecha relación continuó a través de numerosas cartas llenas de historias y bromas.
Una de ellas lee: "Tendrás que aguantar estas patas de gallina (refiriéndose a su letra) que uso para comunicarme contigo porque no quiero molestar esta máquina de escribir que me ha sido tan fiel durante tantos años en alta mar, en medio de una densa selva y luego con fuertes tormentas… la pobrecita está muy cansada".
Lo que esa máquina de escribir vivió quedó plasmado en sendas novelas y relatos, muchos ambientados en su nueva patria: México.
Un conocimiento profundo de México
En 1925, un año después de su llegada a México, escribe "Salario amargo", también conocida como "Los recolectores de algodón". Es un relato en primera persona de un sindicalista estadounidense que llega a la región de Tampico, en el México posrevolucionario, en busca de empleo.
En la novela describe en minucioso detalle los diferentes trabajos que logra conseguir, desde recogedor de algodón a panadero, perforador de pozos de petróleo y arreador de ganado. Todos realizados en condiciones paupérrimas y sometidos a la explotación de los jefes.
En ella, Traven muestra un profundo conocimiento de las dinámicas económicas, sociales, raciales y culturales de su país adoptivo, "con energía, pasión, humor, ironía, ingenio y compromiso", señala Tim Heyman.
Su mensaje inherente de la necesidad del oprimido de romper el yugo del opresor -un tema importante en su período político en Alemania- hizo que la novela fuera publicada en formato seriado en la revista socialista alemana Vorwärts.
"En Alemania, había encontrado su vocación, en México, encontró su voz", escribió Heyman en un artículo sobre la novela.
Pero fue en 1926 cuando Traven se consagra con la publicación de su épica novela "El barco de la muerte", donde logra consolidar todas sus desgarradoras experiencias navegando los mares.
"El barco de la muerte" y el dilema del apátrida
"El barco de la muerte" es su obra emblemática. En esta no sólo aborda nuevamente la explotación del ser humano por las fuerzas políticas y económicas que rigen el mundo sino la problemática que lo acompañó toda su vida: la identidad.
Es la historia de un marino mercante de origen estadounidense, Gerald Gales, que queda varado en Europa, sin dinero ni documentos de identidad, cuando su barco zarpa sin él.
Se ve forzado a mendigar una existencia mientras busca comprobar infructuosamente su nacionalidad ante cónsules y embajadores y poder embarcarse de vuelta a su país.
Atrapado en un burocrático círculo vicioso, es hostigado por las autoridades, encarcelado, amenazado y expulsado repetidamente de un país a otro.
Finalmente, termina en un puerto en España cuando es engatusado a abordar una embarcación con la promesa de buen trabajo y buen salario.
Resulta ser un destartalado buque pirata, con una tripulación anónima y moribunda, forzada a trabajar y vivir en las condiciones infernales e inhumanas, de donde no hay escapatoria: un barco de la muerte.
"Es un relato extraordinario, como describe la labor en las calderas del barco, el peligro de caer en los fogones, ser quemado por el vapor hirviente", me comenta Tim Heyman. "Claramente surge de su experiencia personal".
Ese éxito cimentó su reputación como un gran escritor y su siguiente novela le abrió las puertas al cine y la fama internacional.
Hollywood toca a la puerta
"El tesoro de la Sierra Madre" es su tercer libro, que se vuelve a situar en Tampico, con personajes foráneos al borde de la miseria con la ilusión de encontrar fortuna, cuando escuchan rumores de una gran mina de oro en la remota cordillera.
La novela tiene todos los elementos de una aventura pero, como señala Tim Heyman, también demuestra la compenetración de Traven con la realidad y las costumbres locales mexicanas.
Mientras enfrentan los embates de la naturaleza y los ataques de bandoleros, uno de los protagonistas aprende los métodos tradicionales de los lugareños para sanar heridas y se convierte en curandero.
"Ahí es donde entendemos la profunda empatía que desarrolló Traven con la población local", expresa Heyman.
Más allá de estos temas, Hollywood descubrió el potencial cinematográfico de la novela.
El estudio Warner Brothers firmó un contrato para la filmación del "Tesoro de la Sierra Madre" con la dirección del legendario John Houston, que en ese entonces iniciaba su carrera. Los personajes principales fueron interpretados por Humphrey Bogart, Walter Houston (el padre de John) y Tim Holt.
Fue la primera película de Hollywood casi enteramente rodada en México. Tim Heyman y Malú conservan la correspondencia entre John Houston y B. Taven, que refleja la influencia que el autor tuvo en el guion.
También estuvo presente en el set para asesorar en la filmación pero, siguiendo su obsesión con el anonimato, se identificó con el nombre de Hal Croves, representante de B. Traven.
Según Malú, hizo más que asesorar. "Él estaba sentado ahí dirigiendo, dando instrucciones a estos grandes actores", cuenta. "Pero Houston siempre pensó que Hal Croves era realmente Traven".
La película, estrenada en 1948, cosechó tres premios Oscar y es considerada un clásico del cine hollywoodense.
También dejó su huella en el léxico estadounidense con una de las frases más memorables y citadas en la historia del cine y que refleja una vez más la preocupación de Traven del individuo siempre siendo obligado a mostrar pruebas de su identidad.
En un momento culminante de la película, cuando los protagonistas están rodeados por bandoleros que dicen ser policías federales, el personaje de Humphrey Bogart les exige que le muestren sus placas que los identifican como policías.
Y el cabecilla de los bandoleros le responde a gritos: "¿Placas? ¡No necesitamos placas! ¡No tengo que mostrarte ningunas malditas placas!"
La relevancia de Traven
El éxito de "El tesoro de la Sierra Madre" promovió a B. Traven como autor de novelas de aventuras. Pero un cuidadoso repaso de su obra indica que los acontecimientos de sus historias son sólo un vehículo para profundizar en la existencia humana.
Examina el papel de la maquinaria política y la estructura social que están completamente en contra del individuo corriente. La inútil necesidad de la persona de tener que comprobar quién es con un papel que le es negado por las instituciones porque ser un humano viviente no es suficiente.
Tim Heyman cita las impresiones de Volker Kutscher -uno de los novelistas alemanes modernos más destacados- cuando de niño leyó "El barco de la muerte": "La horripilante desesperanza me dio una idea de lo que kafkiano significa antes de que hubiera leído a Kafka".
Es más, Heyman sitúa a B. Traven entre los más eminentes escritores alemanes contemporáneos suyos: "Está 'La montaña mágica' de Thomas Mann en 1924, está 'El castillo' de Franz Kafka en 1926 y está 'El barco de la muerte', todos libros famosos al mismo nivel".
La lista de los mejores libros en alemán entre 1924-2024 recopilada por la revista Der Spiegel incluye esa novela de B. Traven.
Además, sus temas de alienación, identidad, migración, tráfico humano, explotación, raza y nacionalismo hacen su obra muy actual y relevante para las nuevas generaciones.
En 2026, el grupo editorial Penguin Random House reeditará la versión en español de "El barco de la muerte" en conmemoración del centenario de su publicación original, así como otra de sus novelas "Macario" y "Canasta de cuentos" para el mercado hispanoparlante.
Parte de la labor de Tim Heyman y Malú se ha concentrado en promover los numerosos libros de Traven, tanto en inglés como en español, de un corpus de más de 15 novelas y cuentos, además de divulgar varios otros manuscritos a del autor aún no publicados.
Aunque todavía persisten las dudas sobre su identidad, con todo el material que dejó B. Traven, ¿es necesario saber realmente quién fue?
Como dijo el mismo autor en una ocasión: "La persona creativa no debería tener otra biografía que su obra".
*Todas las fotos del Patrimonio de B. Traven son utilizadas con permiso y tienen derechos de autor: © María Eugenia Motes de Oca Luján e Irene Pomar Montes de Oca
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