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Por qué América Latina ha sido el territorio ideal para imaginar y crear utopías (y casi todas terminaron mal)

Juan Carlos Pérez Salazar - HayFestivalCartagena@BBCMundo | Domingo 01 febrero, 2026


Federico Guzmán
Federico Guzmán
Entre las muchas utopías que se han tratado de construir en América Latina, Federico Guzmán escogió siete muy simbólicas.

La utopía es una espada de doble filo que ha pendido sobre América desde que el resto del mundo -en especial Europa- es consciente de su existencia.

Empezó con los sueños desaforados de los conquistadores españoles, que imaginaron -y buscaron- en nuestra región lugares como la mítica fuente de la eterna juventud y la espléndida ciudad de El Dorado.

En 1516 el inglés Tomás Moro le dio validez política y filosófica al publicar su libro "Utopía", sobre una isla ubicada en América con lo que, para él, constituía el régimen político y social perfecto.

Desde entonces y a través de los siglos, nuestro continente, y en especial América Latina y el Caribe, ha sido una especie de lienzo en blanco para imaginar y realizar todo tipo de experimentos políticos y sociales, algunos propios, pero la mayoría ajenos.

El escritor mexicano Federico Guzmán Rubio (Ciudad de México, 1977) decidió visitar siete lugares latinoamericanos donde, desde el siglo XVI hasta nuestra época, se trataron de implantar utopías.

El resultado es su libro "Si hay tal lugar, viaje a las ruinas de las utopías latinoamericanas" (el título es un juego con la traducción original del poeta español Francisco Quevedo de la palabra utopía como "no hay tal lugar").

¿Qué sobrevive de tales lugares? De eso hablamos con Federico Guzmán con motivo del Hay Festival de Cartagena.

Pero primero, hagamos un resumen…

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Las 7 utopías

Casa hundiéndose en Fordlandia, en el amazonas brasileño.
Federico Guzmán
Henry Ford nunca puso un pie en Fordlandia, pero invirtió una fortuna para crearla y sostenerla durante casi dos décadas. En la imagen, casa hundiéndose en Fordlandia, en el amazonas brasileño.

-Fordlandia o la utopía industrial (1928). La ciudad que el magnate de la fabricación de autos Henry Ford fundó en el Amazonas brasileño para producir el caucho necesario para las llantas de un millón de carros y en la que estaba prohibido el alcohol, los juegos de azar, los burdeles y los sindicatos.

-Colonia Cecilia o la utopía anarquista (1890). Creada también en Brasil por anarquistas italianos como un experimento científico de cómo era vivir sin leyes ni patrones y fomentando el amor libre.

-Nueva Germania o la utopía racista (1886). Sugerida por Richard Wagner y fundada por Elizabeth Nietszche (la hermana del filósofo) y su esposo en Paraguay, prefiguró al nazismo antes de Hitler: una comunidad aria sin judíos ni mezcla de razas.

-Pátzcuaro o la utopía cristiana (1539). La primera comunidad utópica de América, creada en México por el "Tata" Vasco de Quiroga, español y primer obispo de Michoacán que buscaba proteger a los indígenas organizándolos en "pueblos-hospitales".

-Argirópolis o la utopía republicana (1850). Fue un proyecto político esbozado en un libro por Domingo Faustino Sarmiento antes de ser presidente de Argentina. Pretendía ser la capital de los estados unificados de Uruguay, Paraguay y Argentina, situada en la isla Martín García, en la confluencia de los ríos Uruguay y Paraná, donde empieza el Río de la Plata.

-Solentiname o la utopía revolucionaria (1965). Un proyecto de comunidad cristiana primitiva y artística creada bajo los preceptos de la Teología de la Liberación en el archipiélago nicaragüense de Solentiname por el sacerdote y poeta Ernesto Cardenal. Después de visitarla, Julio Cortázar escribió sobre ella el cuento "Apocalípsis de Solentiname".

-Santa Fe o la utopía neoliberal (1982). Un sector en los suburbios de Ciudad de México que respondía al concepto ciudad perfecta según el neoliberalismo: autosuficiente y exclusiva.

Nueva Germania
Federico Guzmán
En Paraguay aún existe una Nueva Germania, pero muy distinta de la original.
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¿De dónde surge tu interés por las utopías?

El tema es muy sugerente y creo que me gustan principalmente dos cosas. La primera, el tiempo en que transcurre. Cuando hablamos de una utopía estamos hablando de un futuro incierto imposible, de una crítica al presente y de la nostalgia o el intento de recuperación de un pasado o más bien ficticio.

Entonces, esta característica de las utopías de no pertenecer a ningún tiempo sino a todos me resulta seductora y conflictiva, porque al llevarlas a la práctica no sabemos si estamos hablando de un pasado anacrónico por naturaleza o de un futuro desconocido, y desde luego de la negación del presente, que en teoría es la única certeza que tenemos y, sin embargo, la utopía lo rechaza en pos de esos otros dos tiempos ficticios.

Acabo de decir indeterminación temporal, pero también hay indeterminación espacial, porque "Utopía" -y de ahí viene el nombre del libro- quiere decir "no hay tal lugar", la utopía no puede tener un espacio. Pero, como mi libro lo intenta demostrar de forma lúdica, sí lo pueden tener.

En segundo término, la utopía es sobre todo un género literario, en el que un escritor escribe cuál sería para él el mundo perfecto. En ese sentido es cercana a la literatura fantástica. Hablamos de un lugar imposible, y sin embargo a una serie de locos se les ocurre convertir la literatura fantástica en realidad.

Lo cual es un sinsentido completo: a nadie se le ocurriría llevar un cuento de Cortázar o de Borges a la realidad y sin embargo el siglo XX fue ese intento de convertir la literatura fantástica en realidad.

Algo particular con América es que, para los ojos europeos siempre fue territorio de la utopía. En el libro tú recuerdas que la utopía como género literario lo inició Tomas Moro. Y su libro está situado en el entonces llamado Nuevo Mundo. Recordemos los sueños desaforados de los españoles: El Dorado o la fuente de la eterna juventud. América era como un lienzo en blanco donde se podían proyectar todo tipo de sueños extravagantes.

He meditado mucho sobre esto y creo que en el fondo la respuesta es positiva. La utopía en América fue primero una imposición europea, después una estadounidense.

Está la utopía de los jesuitas en Paraguay, el libro trae la utopía del Tata Vasco en Pátzcuaro, utopías anarquistas… Son utopías siempre externas que, ante el fracaso y agotamiento de sus regiones ven a América como el territorio para fundar y crear, como si aquí no hubiera nada. Acabó siendo para nosotros la imposición de la utopía.

Pero yo veo como un gesto emancipatorio, de tremenda autonomía, cuando los latinoamericanos decidimos que nuestra región ya no sea el territorio de las utopías ajenas sino de las propias.

Por ejemplo, todas las independencias y repúblicas latinoamericanas -que en el libro se toca con Argilópolis de Sarmiento- fue un intento de crear nuestras propias utopías, un programa propio. Algo que, como todas las otras, resultó algo más o menos desastroso.

Desastroso si pienso en las utopías revolucionarias, pero menos si pienso en las republicanas, porque mal que bien todos nuestros países siguen siendo fruto de esos programas del siglo XIX que tenían una clara intención utópica.

Yo creo que ahora que los latinoamericanos logramos adueñarnos de las utopías, lo que nos falta ahora es hacer utopías viables, pragmáticas.

Cuál fue el criterio para escoger las utopías de tu libro

Forzando un poco la realidad para que me diera la razón -que entre otras es el gran error de los utopistas, forzar la realidad para que les dé la razón-, acabé eligiendo siete utopías que creo que corresponden a siete grandes ideologías que han moldeado la historia latinoamericana.

Desde la Conquista y el cristianismo -con la del Tata Vasco en Pátzcuaro aunque también pude escoger la de los Jesuitas en Paraguay, pero sólo quería una por movimiento- fui encontrando utopías que más o menos resumían un período ideológico de América Latina hasta llegar al presente, al siglo XXI, con la utopía neoliberal que es donde acaba el libro, y que creo además que ya está rebasada.

Fordlandia
Federico Guzmán
Fedrico Guzmán recuerda que Henry Ford no quería en su ciudad judíos ni sindicalistas. En la imagen restos de Fordlandia.

Ahora que hablábamos de Tomás Moro, lo interesante es que influyó en la primera utopía cronológicamente hablando, que es la del Tata Vasco. Lo que Moro escribió pensando en América influyó realmente en nuestro continente.

Es precioso, porque Tata Vasco lee el libro de Tomás Moro y dice "yo quiero llevar esto a la práctica". Quizás fue el primer desquiciado que quiso llevar eso a la realidad y, por cierto, creo que fue al que le salió mejor.

Pero hay otra cosa muy bonita. Él leyó muchos libros, pero sobre todo dos que influyeron en él, el de Moro y la"Brevísima relación de la Destrucción de las Indias" de Fray Bartolomé de las Casas, que narra el genocidio y el modelo de conquista de arrasar todo a su paso.

Yo me imagino que el Tata Vasco se siente y dice: "¿A qué quiero que se parezca mi obispado en Michoacán?". No lo duda y dice: "Yo quiero que se parezca a la Utopía". Marcó la tendencia de llevar la utopía a la realidad.

Fue el primero que lo hizo en el mundo y después vendría casi que el resto de la historia de Occidente en intentar esa… no sé si decirle insensatez, porque aunque salga mal me parece necesario imaginar mundos mejores e intentar conseguirlos.

Yo no sabía del Tata Vasco y me parece extraordinario que de las utopías que visitaste es de la que queda algo concreto, los saberes y artes que le enseñó a cada comunidad indígena y que todavía los mantienen. Y las comunidades sobrevivieron, que era lo que él buscaba.

En parte la existencia del México contemporáneo se debe a la utopía del Tata Vasco, porque el otro modelo de conquista era destruir y arrasar todo. Mientras que su modelo -que también era un modelo de conquista, no hay que ser ingenuos- es mucho más armonioso, creó comunidades autónomas que comerciaban unas con otras y es un sistema que perdura alrededor del Lago de Pátzcuaro.

Son comunidades tremendamente orgullosas de su identidad y que siguen admirando la figura del Tata Vasco, a quien se le sigue llamando así en Michoacán. Él fue quizás el mejor lector del libro de Moro.

De ese recorrido por las utopías hay algo que te sorprendiera… Bueno, hay algo muy bonito de Nueva Germania y cómo ese proyecto racista terminó en exactamente lo opuesto que buscaba la hermana de Nietzsche.

Quizás lo que más me sorprendió es que en apariencia todas estas siete utopías fracasaron, pero quizás algunas triunfaron no de la manera espectacular que querían sino de manera mucho más lenta pero mucho más profunda.

Por ejemplo, la utopía anarquista. Fue un gran fracaso y la colonia quedó abandonada a los dos años, pero fue el inicio de la reivindicación por un trato más justo a los trabajadores, de imaginar formas de convivencia más armónicas entre hombres y mujeres.

Entonces no pudieron imponer el amor libre, pero a través de un siglo no cabe duda de que esas ideas han permeado mucho…

… La liberación sexual de los años 60…

O Nueva Germania, la utopía más maligna que hay en el libro, de alguna forma en su fracaso rotundo triunfó porque demostró que culturas completamente ajenas unas de otras, como la cultura alemana más intransigente que precisamente fue a Paraguay para no convivir con nadie, no le quedó más remedio que convivir con la cultura guaraní, a la que despreciaba, y surgió una comunidad nueva, inesperada.

Quizás las utopías siempre acaban triunfando, pero no como ellas imaginaron.

Isla Martín García.
Federico Guzmán
Isla Martín García, donde Domingo Faustino Sarmiento pretendía fundar Argirópolis. Su proyecto no pasó de ser un sueño, pero luego dio inicio a la educación pública de Argentina, considerada la mejor de América Latina.

Todas las utopías tienen un elemento religioso, ¿no? Incluso las políticas, como las de los anarquistas.

Lo que pasa es que, incluso la distinción entre secta y utopía no queda del todo clara. Si una serie de personas va a construir el mundo perfecto y renunciar al mundo real, pues tienen que estar completamente fanatizadas y convencidas de que tienen una verdad absoluta.

Si no te sientes dueño de esa verdad absoluta, no vas a construir ese mundo perfecto de espaldas al mundo real.

Y la utopía no es solo de izquierda, aunque son las que más se mencionan.

La utopía no tiene un signo ideológico. No sé por qué cuando hablamos de ella pensamos en la izquierda, en el socialismo o comunismo. Todos los espectros ideológicos tienen la necesidad de buscar sus mundos perfectos.

Yo creo que justo en estos momentos se está construyendo una tremenda utopía de extrema derecha, con un ánimo utópico que a mí me parece claro y explícito.

Pero cuando uno piensa lo que dice Trump de volver a un pasado esplendoroso, ahí se está hablando es de la arcadia. ¿Eso también es una utopía, hablar de un pasado paradisíaco? Que también tiene un elemento religioso.

Por supuesto, una Edad Dorada. Ahora hablábamos de que en América las utopías empezaron con esos conquistadores buscando la Tierra de Jauja y El Dorado, y también buscaban ese hombre primitivo que todavía no había sido pervertido por la sociedad…

…El buen salvaje

..Entonces el utopista siempre quiere restaurar un mundo perfecto que fue corrompido -que por supuesto nunca existió- y para hacerlo tiene que dinamitar el presente. Que es precisamente lo que se está haciendo ahora.

Una crítica que se escucha hacia izquierdistas europeos es que impulsan en América Latina proyectos políticos que probablemente no aceptarían en sus países

Por supuesto. Y aquí surge algo muy paradójico. La utopía de la Unión Soviética y de la revolución en Latinoamérica, paradójicamente se cumplió en Europa Occidental, porque la región no se atrevió a llevar esos experimentos a tales extremos, pero si lo intentó de manera moderada y creó quizás lo que ha sido una de las máximas utopías de la historia: el estado de bienestar europeo de finales del siglo XX.

Existió gracias al desastre soviético y al sueño revolucionario latinoamericano. Ellos lo aplicaron de una forma más moderada y pragmática y lograron crear una sociedad con unos niveles de igualdad y bienestar como quizás nunca los ha habido y quizás no los vuelva a haber al menos en el futuro próximo.

Isla Martín García
Federico Guzmán
La isla Martín García, de sólo dos kilómetros de diámetro, está en un sitio estratégico. Quien la controlaba en el sitio XIX controlaba la entrada y salida del Rio de la Plata. Por eso fue tomada por las armas por españoles, franceses, argentinos, brasileños y uruguayos.

La última utopía de tu libro, la neoliberal, es la del barrio Santa Fe en Ciudad de México. Eso ha sido un intento del capitalismo, crear esas ciudades o barrios privados. Fordlandia era eso. Ahora mismo está ocurriendo en Honduras con un proyecto libertario de ciudad llamado "Próspera" y también situado en una isla

Lo que pasa es que, volviendo a Tomás Moro, para que una utopía realmente lo sea tiene que estar en una isla, fuera del mundo, para que no se corrompa.

La utopía de Moro es en una isla. El padre Ernesto Cardenal construyó Solentiname en una isla. Cuba, la gran utopía revolucionaria de América Latina -no se qué tan casualmente- fue en una isla.

Y ya no hablemos del barrio Santa Fe o de estos proyectos amurallados. La utopía trumpista quiere convertir Estados Unidos en una isla, que no entren inmigrantes y expulsar a las personas que no merecen vivir en esa utopía y aislarse del mundo.

Toda utopía es por definición excluyente. Por eso es muy bonito que cuando una utopía fracasa, como Santa Fe o Nueva Germania, es cuando no le queda más remedio que convivir con el resto del mundo. Es un fracaso que no deja de ser esperanzador: a los seres humanos no nos queda más remedio que convivir unos con otros.

Veo que estos movimientos utópicos que se convierten en algo masivo surgen en momentos de gran conmoción social, política y económica. Pasó con el surgimiento de la Unión Soviética, luego con el Nazismo y está ocurriendo ahora.

Por supuesto. Y regresemos al libro de Tomás Moro: se nos olvida que tiene dos secciones. La primera mitad -bastante aburrida- es una crítica al presente de Moro. Critica a sus instituciones, a los políticos de entonces y te muestra cómo todo es un desastre. Ya en la segunda parte del libro imagina su mundo perfecto.

Toda utopía es una tremenda crítica al presente. El mundo perfecto tiene que surgir ante la certeza de que estamos viviendo en el peor de los mundos posibles.

Y eso está sucediendo ahora: ante un desastre (no sé que tan real), ante ese diagnóstico catastrofista del presente, de que está cayendo la civilización occidental, son el primer paso para proponer un supuesto mundo perfecto.

No hay utopía sin un desastre real o imaginario.

Y generalmente terminan en un desastre

Si. Ya veremos en qué terminamos con todo lo que está pasando ahora

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