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COLUMNISTAS


¿En dónde está la cabeza de Hacienda?

Carlos Camacho ccamacho@grupocamacho.com | Martes 15 agosto, 2023


¿En dónde está la cabeza del Ministerio de Hacienda? En realidad, la andamos buscando. Tenemos serias dudas de quién está a la cabeza del Ministerio. Es claro que Nogui Acosta nominalmente está a cargo de la cartera, pero produce una gran duda la suerte de comunicación que tiene en relación con temas de muchísima trascendencia…

¿Quién está realmente detrás de esa cabeza? ¿Quién moverá esos hilos mágicos que tanto dañan la inseguridad jurídica del país?

Los impuestos no son opcionales. Nuestro país tiene grandes oportunidades, pero también grandes necesidades y es desafortunado que quien debe tomar decisiones en gestión fiscal no tenga claridad del norte que nos conviene.

La gestión fiscal es mucho más que nuevos impuestos; es el adecuado manejo de los actuales, el aseguramiento de captación y adecuada fiscalización de los contribuyentes.

La duda sobre la ubicación de la cabeza se complementa con preguntas del accionar diario del ministerio. ¿Por qué hay contribuyentes perseguidos de manera directa mientras otros más bien son protegidos?

¿Dónde quedó la cabeza objetiva que, desde el liderazgo técnico, da cuenta de sus actos sin tener que echar para atrás y para adelante?

Una aberrante conducta del señor Acosta, con un “hoy sí, mañana tal vez, y pasado mañana no sé” si la investigación del caso de un contribuyente se convirtió en un escándalo a pesar de ser producto de un “tik tok.”

Más que algo fuera de recibo en un país democrático, una práctica común en países dictatoriales. ¡Qué triste! Pero las cosas deben llamarse por su nombre. Una realidad de persecución política al estilo el nicaragüense Ortega o el otro Chaves, antecesor de Maduro. Son usualmente los partidos de izquierda quienes usualmente persiguen a los empresarios, quienes históricamente han sido destructores de riqueza y de sus generadores. Son quienes terminan con el empleo y ponen el dedo directamente donde quieren poner la bala en temas tributarios.

Lo que vivimos es muy peligroso. Genera dos tipos de ciudadanos: Unos señalados y otros con protección especial. Es la triste explicación de una dirección de esfuerzos débiles, zigzagueantes y poco serios desde el ministerio de Hacienda.

No recuerdo haber presenciado conductas de persecución antes. El ministerio de Hacienda se había distinguido históricamente por su sentido de independencia y objetividad. Hemos tenido buenos ministros de Hacienda, excelentes ministros de Hacienda. ¡También pésimos! Pero aún los pésimos, Elián Villegas como muestra, nunca entraron al juego de señalar individualmente, montando una persecución.

Lo que conocemos es la punta del iceberg.

Nosotros, los que nos dedicamos a esto de los impuestos, sabemos de otras empresas y grupos empresariales que se siente perseguidos por motivos no objetivos.

Uno de los tristes desafíos y resultados de un ministerio de hacienda carente de una cabeza visible, que está probablemente manejado por una serie de intereses poco transparentes, de mera camarilla manipuladora y que juega con títeres de una gestión que debería caracterizarse por su seriedad.

La seguridad jurídica es, para todos los aspectos y, en concreto, para los impuestos saber a qué atenernos. Tener unas reglas claras, entender que puede que no me gusten todas las reglas del juego, pero las tengo claras. La seguridad jurídica permite al contribuyente definir su conducta voluntaria y hacer que el sistema funcione sin necesidad de una presión excesiva por parte de los órganos de fiscalización.

Desde la Asamblea Legislativa deberíamos también decidir: ¿Seguimos dando sangre al circo con procesos de censura que no llegan a nada? Quien llega a tener ese “voto de censura” simplemente se lo lleva a casa, donde podría hasta tener una colección de ellos sin ninguna consecuencia jurídica. En el caso de Nogui, ni siquiera eso, pues no llegó a la votación necesaria.

Es curioso que Hacienda se sostenga en un sistema de represión como el que vivimos, mientras en otros ministerios e instituciones autónomas por errores menores sus jerarcas se han tenido que ir a la casa, por decisión propia o por la petición de renuncia del presidente.

Cuando Chaves nombró al ministro de Hacienda se comprometió a no interferir en su trabajo. Solo así podría exigir en la rendición de cuentas.

Lo recuerdo con mucha precisión porque es una independencia fundamental para todos los funcionarios.

Es curioso, en este ambiente de perseguidos y protegidos, que, en medio de los cuestionamientos acumulados, el ministro Nogui siga en su puesto como si nada.

Vivimos en una era nerónica, donde el circo se alimenta de sangre a mansalva. Un riesgo de llegar a desobediencia civil, alimentada por la poca credibilidad en las instituciones, en las autoridades y en su falta de objetividad para aplicar las normas jurídicas.

Es difícil de entender la gestión de Ministerio.

El ministro anunció a finales del año pasado el proyecto de ley para renovar el sistema tributario. Cada mes decía, el otro mes viene… que no, que es el que sigue, que el siguiente. ¡Hasta que al fin lo envió en marzo!

Un proyecto de ley para la reforma integral del impuesto sobre la renta. El retraso da para una muy mala lectura. Uno tiene que hablar con la verdad y con seriedad cuando se trata de temas tan importantes. Se crean expectativas y el empresario vive de esas expectativas.

¿Cuál es esa posible realidad a la que tendremos que enfrentarnos? ¿Cómo mis decisiones de hoy afectan, tienen réditos o no con los cambios anunciados de una posible reforma fiscal?

Anunciar una reforma fiscal no es tan sencillo. Mucho menos es algo a la ligera.

Es un anuncio que toca a todos. A quienes están en planilla y a los empresarios. A los emprendedores y a todos. Por eso es importante definirlo, tener claro si va o no va. Con firmeza y decisión.

Ahora tenemos un escenario ridículo. ¿Con qué cara va Nogui Acosta a defender una reforma fiscal ante la Asamblea Legislativa? ¿Ante los mimos diputados que le iban a censurar por sus acciones?

Decía que en Costa Rica estamos viviendo del circo. La única diferencia entre el circo de Lopez Obrador y del presidente Chaves es que el primero lo hace a diario y en nuestro caso es semana a semana.

Escucho a los empresarios decir: ya veremos con qué nos salen este miércoles.

Así estamos… A la espera para ver qué decisión tomamos. Tristemente, muchas de esas decisiones pasan por recortar o dejar de invertir. Un contrasentido para la activación o reactivación económica, pero una de las pocas salidas ante el ambiente de confusión.

Hay una gran confusión respecto a qué hacer para quedar bien. ¡Qué jodido!

Estamos ante una cadena de confusión.

El ministro quiere quedar bien ante su jefe, el empresario debe quedar bien también para evitar entrar en el grupo de los perseguidos. Los subalternos del ministerio buscan quedar con sus superiores.

Al ministro le gusta mandar casos al ministerio público, el circo del mes, alimentado por fiscalizaciones cuestionables, auditorías sin fundamentos de derecho, pero todo bien. ¡Eso le gusta al ministro! Porque actúa con mimetismo respecto a lo que le gusta al presidente.

Actúan así aún cuando en su propio conocimiento los funcionarios saben que se trata de acciones sin lugar, pero que es la línea del ministerio.

¡Que los casos van para sede penal!

Y yo pregunto por qué, incluso a funcionarios de fiscalización, quienes responden moviendo la cabeza sin entender, como diciendo que de arriba vienen las directrices.

La justificación: Porque se recauda más rápido.

¡Mentira! Los casos van a sede penal porque están abusando del ministerio público para establecer presión severa sobre algunos contribuyentes, porque no son todos. ¡Volvemos a las dos Costa Ricas! La de los perseguidos y la de los protegidos.

Nos alejamos de la Costa Rica histórica y sencilla de gobernar. Cuando había bipartidismo, cuando existía un poco más de visión país y heroísmo de servicio público. Dejamos atrás las épocas en que decíamos que el mejor Ministro de Hacienda era una buena cosecha de café.

Nuestro país ya no depende del café y entonces debemos depender de la idoneidad técnica de un ministro objetivo. Ese parece ser el primer bastión: el ser una persona intachablemente objetiva. Capaz de enfrentarse a su superior jerárquico, el presidente, y plantearle opciones.

Enfrentarse, no por parecer valiente, sino porque llega con soluciones fundamentadas técnicamente.

Muy distinto a lo que ocurre ahora.

Un ministro con liderazgo de gestión, que entienda las finanzas públicas como una parte del sistema económico, no el centro de todo el sistema económico.

Parece que en Costa Rica hemos confundido el fin con los medios y que todos trabajamos para pagar impuestos, cuando en realidad trabajamos y pagamos impuestos como consecuencia de nuestro trabajo.

El ministro de hacienda debe ser mucho más que una máquina perseguidora de impuestos y pensar en cómo mejorar el país como un todo, con nuevos medios generadores de riqueza.

Da mucha pena, esto debe cambiarse… La pregunta persiste, ¿por dónde y por quién debe empezar el cambio?

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