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Lunes, 24 de junio de 2024



COLUMNISTAS


Mal transporte afecta calidad de vida

Carlos Denton cdenton@cidgallup.com | Miércoles 27 diciembre, 2023


Más de la mitad de los que tienen empleo pasan 1 hora en cada dirección cada día. En un año soportan 550 horas dedicadas al reto sencillo de pasar de sus casas a su lugar de trabajo y después retornar. Son 22 días de 24 horas, o más de tres semanas. Los daños psicológicos y el impacto negativo al cuerpo de pasar tanto tiempo en autobús, tren o automóvil son incalculables.

Hay varias causas de este fenómeno. La población se ha desconcentrado y ahora es común encontrar trabajadores en San José o lados aledaños que viven en lugares como Tucurrique, Atenas, Cervantes, San Ramón, y Jocotal (ninguno de estos a menos de 90 minutos) y los lugares de empleo están más centrados. Adquirir una casa en el centro es un propósito más caro y la calidad de vida (problemas de seguridad y contaminación) es inferior a los lados más lejanos.

El transporte público es deficiente – el hacinamiento en el tren es dramático y además no opera el servicio regularmente. Respirar en una vagoneta de este transporte es peligroso por la cercanía de los otros pasajeros y la posibilidad de contraer virus, bacteria, o picazón es muy real. El bus, dependiendo de la hora y la línea, sí opera todo el día, pero en horas pico ofrece una situación similar al tren en cuanto a hacinamiento. El peligro de sufrir un hurto o un asalto en las paradas aumenta año a año.

El problema principal con los autobuses es que las líneas no corresponden a la necesidad de lugar de destino que ocupan los pasajeros. Muchas operan en la misma ruta trazada a mediados del Siglo XX cuando el país era otro. En ese entonces toda ruta se dirigía a San José y así se mantiene; una persona con empleo en Heredia pero que vive en Hatillo 3 tiene que tomar por lo menos dos buses y cruzar parte de San José para lograr transportarse. San José nunca se recuperará como ciudad capital mientras que sus calles están llenas de autobuses vacíos estacionados en filas esperando pasajeros. Por supuesto, dejan los motores encendidos – muchos son tan viejos que si se apagan no lograrían los choferes arrancarlos. La contaminación es asfixiante.

Frente al mal servicio de ferrocarril y autobús, muchas personas hacen su viaje en automóvil. En el momento que el trabajador logra ahorrar el monto mínimo, compra un “chuzo” para moverse a casa. Las calles siguen siendo las mismas y cada vez hay más presas con la presión nociva sobre la gente creciendo.

Está claro que la solución es un sistema central de transporte—trenes eléctricos que operan como mínimo cada 15 minutos todo el día—y que conectan con buses en rutas que requieren los pasajeros, posiblemente no las líneas actuales.

El sistema público debería ser uno donde es posible leer un libro o periodico tranquilamente, pero sobre todo poder respirar aire fresco y limpio. Mientras tanto seguirá perdiéndose toda una capacidad productiva para el país que además daña al trabajador.

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